Soledad y poscoronavirus

La soledad y el aislamiento social asociados a un deterioro de la calidad de vida de las personas mayores se han visto agravados por el confinamiento y las duras medidas adoptadas para hacer frente a la Covid: aislamiento, situaciones de extrema soledad en las que las familias han podido dar menos apoyo físico y emocional debido a la limitación de contactos, etc. La pandemia pasará pero sus efectos, el problema de la soledad (emocional y social) seguirán estando ahí y es necesario empezar a pensar en ello, en cómo queremos que sea la atención a las personas mayores, su papel en la sociedad, en definitiva, en nuestro futuro porque tarde o temprano todas y todos estaremos ahí.

 

 

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Según este artículo de la página web de la Revista Sanitaria de Investigación (RSI) sobre las consecuencias de la soledad en las personas mayores por la pandemia a partir del estudio de diversos autores, el aislamiento y las restricciones de movilidad pueden derivar en una mayor soledad y aislamiento social de las personas mayores y ello conlleva a un aumento en el deterioro de la salud mental y física. 

SOINHEZI ha colaborado con el Área de Política Social del Ayuntamiento de Basauri desde el principio de la crisis sanitaria en el seguimiento telefónico de las personas mayores del municipio para la detección y atención, en caso necesario, de situaciones de vulnerabilidad.

 

Soledad emocional y social

Aunque hay una gran variedad de definiciones y clasificaciones de los tipos de soledad, existe un consenso general en distinguir dos tipos fundamentales: la soledad emocional (sentirse sola o solo) y la social (exclusión de las relaciones sociales). Ambas se han visto multiplicadas por la pandemia añadiendo más gravedad si cabe a lo que desde hace unos años es ya un problema social de primer orden. Prueba de ello es que en países como Reino Unido, y más recientemente en Japón, se están incorporando en los gobiernos áreas dedicadas en exclusiva a intentar combatir esta otra pandemia.

La situación actual irá mejorando en la medida en que las vacunas se vayan extendiendo y recuperemos poco a poco la ansiada “normalidad”, sin embargo, el peligro de la soledad no deseada, sus efectos, seguirán estando ahí presentes y la evolución demográfica nos dice que irán en aumento. Sería deseable aprender de lo vivido y reflexionar sobre el modelo de sociedad y de atención a las personas de edad que queremos pero no manteniéndolas al margen o decidiendo por ellas, sino escuchándolas y dándoles voz y voto.

En resumen, es el momento, de empezar a tomar medidas consistentes, pensando en el largo plazo, para atajar de verdad este problema que nos incumbe a todas y todos.