Dignidad y derechos de las Personas Mayores

La pandemia ha puesto el foco de atención a las personas mayores, centrándose en la edad más que en las razones de salud. Las medidas que se han adoptado, fundamentalmente el confinamiento estricto como respuesta única, atajan las urgencias pero dejan de lado los detalles y las circunstancias individuales de cada persona, frenando de manera importante los avances conseguidos en acción social en los últimos años.

 

 

 

 

Es normal sentir ansiedad, miedo y preocupación cuando percibimos que algo puede ponernos en peligro pero esto no nos puede paralizar. Es necesario salir siguiendo las pautas de prevención y conducta establecidas.

El “paternalismo” y todos los estereotipos negativos contra los que, desde los diferentes ámbitos de trabajo, venimos luchando desde hace años (dependencia, vulnerabilidad…) vuelven a ganar terreno. Se necesita reflexionar sobre lo sucedido y el modelo de atención que queremos para nuestros mayores.

En el último congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología celebrado en octubre  Lourdes Zurbanobeaskoetxea, presidenta del Comité de Ética de Intervención Social de Bizkaia, Diputación Foral de Bizkaia, en su ponencia “Valores, ética y toma de decisiones por y para las Personas Mayores en momentos críticos” decía que “se ha culpabilizado a las residencias en la extensión y deriva de la pandemia”. Frente a la imagen negativa que se ha proyectado de ellas apostaba por una visión más positiva y humana: “los centros residenciales deben ser lugares para vivir, con planes de atención individualizados en función de la situación del paciente, apoyos sanitarios suficientes y coordinados, con formación y apoyo a los profesionales”.

Las consecuencias del confinamiento (aislamiento) pueden ser fatales como el retroceso cognitivo y funcional, y la depresión.

De la misma manera que no todas las personas somos iguales ni reaccionamos de la misma manera a situaciones adversas, es fundamental una atención individualizada que responda a las necesidades la personas mayores de manera distinta. Es decir, minimizar los riesgos y maximizar la vida.

La igualdad de derechos pasa por el tratamiento en igualdad de la dignidad de las personas, también en una situación excepcional como la que vivimos. Tal y como decía Lourdes Zurbanobeaskoetxea en su charla, “la igual dignidad de cada ser humano exige tratarle bien, con consideración y respeto, aportando apoyo y recursos para completar una biografía”.